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Categoría: Cuentos "Ricitos de Oro y los tres osos" (en inglés Goldilocks and the Three Bears) es un cuento tradicional de origen británico. La versión más conocida fue publicada por primera vez en 1837 por el escritor Robert Southey, aunque se cree que la historia es aún más antigua, parte del folclore oral europeo. En la versión original, la intrusa no era una niña, sino una anciana. Fue a partir de adaptaciones posteriores, como las de Joseph Cundall (1850), cuando la protagonista se transformó en una niña rubia llamada Ricitos de Oro. El cuento ha tenido incontables adaptaciones en literatura, televisión, cine y teatro. Desde cortos animados hasta películas modernas y parodias, esta historia ha permanecido vigente por generaciones. Su sencilla trama y su poderosa moraleja han hecho de este relato un clásico imprescindible en la literatura infantil. Adaptaciones destacadas
Datos interesantes
Breve descripción de la historia Introducción: Ricitos de Oro es una niña curiosa que, paseando por el bosque, encuentra una cabaña solitaria. Nudo: Al entrar, descubre que la cabaña pertenece a tres osos. Prueba su comida, sillas y camas hasta encontrar las que son "justas" para ella. Desenlace: Los osos regresan a casa y encuentran las señales de la intrusa. Ricitos despierta, se asusta y huye corriendo al bosque. Descripción de los personajes principales
Ricitos de oro y los tres osos Había una vez, en un bosque muy espeso y tranquilo, una familia de tres osos que vivían en una acogedora cabaña. Cada uno de los osos tenía su propia silla, su propia cama y su propio tazón de sopa. Papá Oso era grande y fuerte, con una voz tan grave que hacía temblar las hojas de los árboles cuando hablaba. Mamá Osa era de tamaño mediano, con una voz suave y melodiosa. Por último, Osito, el más pequeño, tenía una voz aguda y chispeante que siempre hacía sonreír a quien lo escuchara. Cada mañana, antes de desayunar, los tres osos daban un paseo por el bosque mientras su sopa se enfriaba. Era una costumbre que les gustaba mucho, pues así podían respirar el aire fresco y escuchar a los pájaros cantar. Pero aquella mañana sucedió algo inesperado. Mientras ellos paseaban, una niña llamada Ricitos de Oro caminaba distraída por el bosque. Tenía el cabello dorado como el trigo, rizado y brillante bajo el sol. Su curiosidad era tan grande como su cabellera, y por eso, cuando vio la cabaña de los tres osos, no pudo resistir la tentación de acercarse. "¿Quién vivirá aquí?", se preguntó en voz alta. Tocó la puerta, pero nadie respondió. Miró a su alrededor. Todo estaba en silencio. —Seguro no les importará si entro solo un momento... —dijo con picardía. Empujó suavemente la puerta y esta se abrió con un chirrido. Ricitos asomó la cabeza y vio una sala ordenada con tres sillas de distintos tamaños. Primero se acercó a la silla grande. —¡Qué silla tan alta y dura! —exclamó al sentarse brevemente—. No es cómoda para mí. Luego probó la silla mediana. —Mejor, pero sigue siendo algo dura —dijo encogiéndose de hombros. Por último, se sentó en la silla pequeña de Osito. —¡Esta sí es perfecta! —sonrió feliz. Pero al balancearse un poco... ¡crac! La silla se rompió en mil pedazos. —¡Ups! —dijo preocupada—. Mejor veo qué hay en la mesa. Allí estaban los tres tazones de sopa. Probó la sopa del tazón grande de Papá Oso. —¡Ay, qué caliente! —gritó y se tocó la lengua. Luego probó la sopa de Mamá Osa. —Mmm... está fría. Por último, probó la del tazón de Osito. —¡Justo a mi gusto! —dijo, y se la comió toda. Satisfecha, Ricitos de Oro bostezó. —Creo que necesito una siesta... Subió las escaleras y encontró tres camas. Primero se acostó en la cama grande de Papá Oso. —¡Uf! Muy dura... —se quejó. Luego probó la de Mamá Osa. —Demasiado blanda. Por último, se acostó en la cama de Osito. —¡Esta sí es perfecta! —susurró sonriendo—. Ni dura ni blanda. Y se quedó profundamente dormida. Mientras tanto, los tres osos regresaban de su paseo. Papá Oso miró su tazón. —¡Alguien ha probado mi sopa! —rugió. Mamá Osa dijo: —¡Alguien también probó mi sopa! Y Osito gritó: —¡Alguien se comió toda mi sopa! ¡No quedó ni una gota! Fueron a la sala. —¡Alguien se ha sentado en mi silla! —dijo Papá Oso. —¡Y en la mía también! —dijo Mamá Osa. —¡Y mi silla está rota! —lloró Osito. Subieron a la habitación. —¡Alguien se ha acostado en mi cama! —dijo Papá Oso. —¡En la mía también! —dijo Mamá Osa. —¡Y alguien sigue durmiendo en mi cama! —exclamó Osito. Los tres osos miraron sorprendidos a la niña dormida. Ricitos de Oro abrió los ojos. Al ver a los tres osos gigantes frente a ella, dio un brinco del susto. —¡Ay, qué horror! —gritó, y salió corriendo de la cabaña tan rápido como pudo, sin mirar atrás. Los osos se quedaron mirándola sin saber qué decir. Luego Papá Oso sonrió. —Será mejor que cerremos con llave la próxima vez. Y desde ese día, Ricitos de Oro aprendió que no debía entrar en casas ajenas sin permiso. Preguntas de comprensión lectora
Respuestas de las preguntas de comprensión lectora
Reflexión Leer “Ricitos de Oro y los tres osos” nos lleva a reflexionar sobre el respeto a la propiedad ajena y los límites de la curiosidad. Aunque Ricitos no actuó con maldad, sus acciones provocaron problemas que la asustaron mucho. La moraleja nos recuerda que debemos respetar los espacios de los demás y pensar en las consecuencias de nuestros actos. La curiosidad es buena cuando es controlada y guiada por el respeto. Preguntas para reflexionar
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