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Categoría: Obras de Teatro El teatro clásico no siempre busca el final feliz; a veces, su misión es recordarnos, a través de la tragedia y el suspenso, que nuestras decisiones tienen consecuencias. En esta adaptación basada en la versión original de Charles Perrault de 1697, exploramos la fragilidad de la inocencia frente a la astucia del mundo. Llevar esta obra al escenario permite a los jóvenes actores trabajar el subtexto (lo que se dice frente a lo que se piensa) y la atmósfera de misterio. Es una invitación a redescubrir el origen de los cuentos antes de que fueran suavizados por el tiempo. Ficha Técnica
Guion: El sendero equivocado ACTO I: El consejo ignorado (Escena 1: Exterior de la casa. MAMÁ revisa meticulosamente el contenido de la cesta mientras CAPERUCITA juega con el dobladillo de su capa). MAMÁ: (Con voz grave) Acércate, Caperucita. No me mires con esa ligereza. Este viaje no es un paseo de domingo. Tu abuela está postrada, el aire en su casa se siente pesado y solo esta mantequilla y este pan tierno pueden devolverle un poco de aliento. Pero escúchame bien: el rojo de tu capa es una señal. CAPERUCITA: ¿Una señal de qué, mamá? Todos en el pueblo dicen que me veo hermosa, que parezco una flor caminando por el valle. MAMÁ: (Tomándola por los hombros) Una señal para que yo pueda verte desde lejos, pero también una llama que atrae a las bestias. El bosque tiene hambre de lo que es puro. No te salgas de la vereda de piedra. Si tus pies tocan la hierba blanda, estarás perdida. No hables con nadie. Los extraños son como pozos profundos: nunca sabes qué hay en el fondo. CAPERUCITA: (Suspirando) Lo he oído mil veces, mamá. Iré rápido, no miraré a los lados y llegaré antes de que las sombras se alarguen. No soy una niña pequeña, sé cuidarme sola. MAMÁ: (Susurrando) La confianza es el primer disfraz de la tragedia. Anda, ve, y que el camino sea corto bajo tus pies. ACTO II: Las mentiras del lobo (Escena 2: El sendero del bosque. El LOBO aparece caminando de forma erguida, con una elegancia inquietante. Observa a Caperucita desde la distancia antes de interceptarla). LOBO: (Con una voz suave y musical) ¡Pero qué espectáculo para mis ojos cansados! Una amapola de terciopelo caminando entre los robles. ¿Acaso el sol ha bajado a caminar por la tierra, o eres tú, pequeña dama? CAPERUCITA: (Sobresaltada, pero halagada) Oh, señor... solo soy Caperucita Roja. Voy a casa de mi abuela. Mi madre dice que el bosque es peligroso, pero usted parece muy distinguido para ser un peligro. LOBO: (Riendo suavemente) ¿Peligroso yo? El peligro es el aburrimiento, querida. El peligro es caminar siempre por la misma línea recta sin mirar las maravillas que la vida ofrece. Dime, ¿qué llevas en esa cesta que huele tan divinamente? CAPERUCITA: Pan recién horneado, un tarro de mantequilla fresca y miel de la mañana. Mi abuela vive al otro lado del molino, en la primera casa de techo de paja. Está muy débil y esto es su medicina. LOBO: (Ladeando la cabeza con malicia) Una misión noble. Pero... ¿no crees que la medicina del alma es la belleza? Mira hacia allá, tras esos sauces. Crecen unas flores que cambian de color con la brisa. Y las fresas... ¡oh, las fresas! Son tan dulces que harían que tu abuela saltara de la cama en un segundo. ¿No querrás llegar con las manos vacías de alegría? CAPERUCITA: (Mirando el sendero y luego el bosque profundo) Mamá fue muy clara... dijo que no me detuviera. Pero un ramo de esas flores sería un regalo maravilloso. Ella siempre dice que las flores alejan la tristeza. LOBO: (Dando un paso atrás) Ve tú por el camino de los colores, que es más inspirador. Yo iré por el camino de los pinos, para asegurarme de que nadie te moleste. Nos veremos pronto, pequeña... mucho más pronto de lo que imaginas. ACTO III: El banquete del lobo (Escena 3: Interior de la cabaña. El LOBO está metido en la cama, la cofia le tapa parte de la cara. Se escucha un golpe suave en la puerta).
CAPERUCITA: (Desde afuera) ¿Abuelita? Soy yo, Caperucita. He tardado un poco porque el bosque me regaló estas flores, pero aquí estoy. LOBO: (Con voz temblorosa y muy aguda) ¡Pasa, mi tesoro! La puerta está abierta... entra y trae contigo ese aroma de juventud. Estoy tan débil que apenas puedo respirar. (Caperucita entra. El ambiente es opresivo. Se acerca a la cama con cautela). CAPERUCITA: Buenos días, abuelita. Aquí tienes la mantequilla y el pan. Pero... te noto extraña. La luz no te sienta bien. ¡Abuelita, qué brazos tan largos tienes! LOBO: Son para estrecharte contra mi pecho, querida. Después de tanto tiempo sola, necesito sentir que estás aquí conmigo. Acércate más... no tengas miedo. CAPERUCITA: (Con voz temblorosa) ¿Y esas orejas? Sobresalen de la cofia como si fueran de otra persona. LOBO: Son para capturar cada uno de tus suspiros. Los oídos de los viejos se agudizan cuando el silencio es su única compañía. ¿No te gusta cómo te escucho? CAPERUCITA: (Retrocediendo, soltando las flores) ¡Y tus ojos! Brillan en la oscuridad como dos brasas encendidas... LOBO: Son para verte mejor, para no perder ni un detalle de tu hermoso rostro antes de que... bueno, antes de que nos despidamos. CAPERUCITA: (Gritando) ¡Pero abuelita! ¡Qué dientes tan grandes y afilados tienes! ¡No son de este mundo! LOBO: (Saltando de la cama con una ferocidad aterradora) ¡SON PARA COMERTE MEJOR! (La luz se corta instantáneamente. Se escucha un forcejeo y un grito desgarrador que se apaga poco a poco. Silencio total). ACTO IV: La advertencia final (Un foco cenital ilumina al NARRADOR en el proscenio). NARRADOR: Aquí termina la historia, no con un hacha salvadora, sino con el silencio del bosque. Aprended esta lección: los lobos más peligrosos no son los que aúllan en la noche, sino los que visten modales finos y palabras de seda. Si sois bonitas, dulces y jóvenes, recordad que la curiosidad es un mapa que a veces lleva directo a la boca del lobo. No habléis con extraños, pues el precio de una charla amena puede ser vuestro propio final.
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