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Categoría: Corrientes Literarias magina que un día llegas a clase y tu maestro entra, borra todo lo que hay en el pizarrón, lanza los libros al aire y dice: «Olvidemos todo lo que sabemos. Empecemos desde cero.» Algo así fue lo que hicieron los escritores y artistas de las Vanguardias a principios del siglo XX. Europa había vivido la Primera Guerra Mundial (1914–1918), uno de los conflictos más devastadores de la historia. Millones de muertos, ciudades destruidas, una generación entera marcada por el horror. Muchos artistas e intelectuales llegaron a una conclusión radical: si la razón, el orden y el progreso habían llevado al mundo a semejante catástrofe, entonces había que destruir el arte del pasado y construir algo completamente nuevo. De esa necesidad urgente y desesperada nacieron las Vanguardias: un conjunto de movimientos artísticos y literarios que, entre 1910 y 1940 aproximadamente, se propusieron romper con todas las reglas establecidas. No había tema prohibido, no había forma obligatoria, no había lógica que respetar. La libertad absoluta era el único principio. ¿Sabías que...? La palabra «vanguardia» viene del francés avant-garde, un término militar que designa a los soldados que van al frente de batalla. Los artistas vanguardistas se veían a sí mismos como exploradores que iban adelante del resto, abriendo caminos nuevos. Desarrollo ¿Qué tienen en común las Vanguardias? Aunque cada movimiento vanguardista tenía su propio estilo y sus propias ideas, todos compartían algunas actitudes fundamentales:
El Dadaísmo: el arte del absurdo y la destrucción El Dadaísmo nació en Zúrich, Suiza, en 1916, en plena Primera Guerra Mundial. Su fundador fue el poeta rumano Tristan Tzara, aunque rápidamente se extendió a Francia, Alemania y Estados Unidos. El nombre «Dadá» es en sí mismo una provocación: según cuenta la leyenda, fue elegido al azar abriendo un diccionario con un cuchillo. En francés, dada significa «caballito de juguete», pero los dadaístas lo usaron precisamente porque no significaba nada serio. Esa era su filosofía: el arte establecido no tiene sentido, así que nosotros tampoco vamos a tenerlo. Los dadaístas hacían poemas fonéticos (secuencias de sonidos sin palabras reales), collages con recortes de periódico, performances escandolosos y textos construidos al azar. Una técnica famosa era el poema dadaísta: recortar palabras de un periódico, meterlas en una bolsa, sacarlas al azar y ese orden aleatorio era el poema. «DADA no significa nada. Si alguien lo considera inútil, si alguien no quiere perder su tiempo en una palabra que no significa nada... » — Tristan Tzara, Manifiesto Dadá, 1918 El Dadaísmo fue más una actitud que un estilo: una negación total del arte como institución. Paradójicamente, al negar el arte, crearon algunas de las obras más originales del siglo XX. El Surrealismo: el inconsciente toma la pluma El Surrealismo nació en París en 1924, cuando el poeta y médico André Breton publicó el Primer Manifiesto Surrealista. Surgió en parte del Dadaísmo, pero fue más allá: en lugar de simplemente destruir, propuso construir un arte nuevo basado en el inconsciente y los sueños. Breton había estudiado medicina y conocía las teorías de Sigmund Freud, quien había demostrado que gran parte de nuestra vida mental ocurre en el inconsciente, fuera del control de la razón. Los surrealistas pensaron: ¿y si dejamos que ese inconsciente hable directamente, sin censura, sin lógica? La técnica central del Surrealismo fue la escritura automática: escribir sin parar, sin pensar, sin corregir, dejando que las palabras fluyeran solas desde lo más profundo de la mente. El resultado eran textos extraños, llenos de imágenes inesperadas y asociaciones sorprendentes que parecían sacadas de un sueño. «El Surrealismo es el automatismo psíquico puro por el cual se propone expresar, verbalmente, por escrito o de cualquier otra manera, el funcionamiento real del pensamiento, en ausencia de todo control ejercido por la razón.» — André Breton, Primer Manifiesto Surrealista, 1924 En literatura, el Surrealismo produjo poemas y textos narrativos llenos de imágenes oníricas, contradictorias y poderosas. En pintura, artistas como Salvador Dalí y René Magritte crearon obras que todavía hoy resultan inquietantes y fascinantes. Ejemplo de imagen surrealista en poesía: «La tierra es azul como una naranja.» — Paul Éluard Esta frase no tiene sentido lógico: la tierra no es azul en el sentido en que lo es una naranja, y las naranjas no son azules. Pero genera una imagen potente, misteriosa y bella. Eso es exactamente lo que buscaban los surrealistas. El Ultraísmo: la vanguardia en español Mientras en Francia nacían el Dadaísmo y el Surrealismo, en España surgía su propio movimiento vanguardista: el Ultraísmo. Nació alrededor de 1918 en Madrid, impulsado por poetas como Guillermo de Torre y, sobre todo, popularizado por el joven Jorge Luis Borges, quien lo llevó a Argentina al regresar de Europa. El Ultraísmo tomó ideas de varios movimientos europeos —el Futurismo italiano, el Dadaísmo, el Cubismo— y las adaptó al español. Sus principios básicos eran:
Aunque el Ultraísmo como movimiento duró poco tiempo, su influencia fue enorme. Borges, por ejemplo, aunque luego se alejó del Ultraísmo, conservó siempre esa vocación de experimentar con el lenguaje y de buscar la imagen exacta y sorprendente. Las Vanguardias en lengua española: más allá del Ultraísmo Las Vanguardias no se limitaron al Ultraísmo. En el mundo hispanohablante florecieron otras expresiones vanguardistas igualmente ricas:
Fragmento para analizar en clase Este poema de César Vallejo ilustra perfectamente el espíritu vanguardista: la ruptura con la lógica, la emoción en bruto, el lenguaje que se dobla y se rompe: «Quiero escribir, pero me sale espuma,quiero decir muchísimo y me atollo;no hay cifra hablada que no sea suma,no hay pirámide escrita sin cogollo.» — César Vallejo, Trilce Preguntas para reflexionar con los alumnos: ¿Qué siente el poeta? ¿Por qué usa imágenes tan distintas entre sí? ¿Qué significa que «le salga espuma» cuando quiere escribir? Las Vanguardias en el aula: ideas prácticas Las Vanguardias son perfectas para trabajar la creatividad y la libertad expresiva con los estudiantes:
Conclusión Las Vanguardias literarias fueron una revolución necesaria. Nacidas del horror de la guerra y del desencanto con el mundo moderno, sacudieron los cimientos del arte y demostraron que la literatura podía hacerse de infinitas maneras. El Dadaísmo dijo «todo vale»; el Surrealismo dijo «escucha tu inconsciente»; el Ultraísmo dijo «la metáfora lo es todo».
Su legado está en todas partes: en la publicidad, en el cine, en la música, en el diseño. Cuando hoy vemos una imagen que no tiene sentido pero nos impacta, cuando leemos una metáfora que nunca habríamos imaginado, estamos disfrutando del regalo que las Vanguardias le hicieron al arte del siglo XX y de todos los que vinieron después. Romper las reglas, bien hecho, también es un arte.
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