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La danza de Shiva

8/6/2025

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Categoría: Mitos
​La leyenda de la “danza de Shiva”, también conocida como Tandava o la forma de Nataraja (“Señor de la danza”), tiene su origen en textos del hinduismo como el Natya Shastra, el Koyil Puranam, textos agámicos como Amshumadagama y el Chidambara‑mahatmya. Aunque no se atribuye a un autor único, tradicionalmente se menciona a Bharata como receptor de la enseñanza sobre el Tandava desde el sabio Tandu, y otros relatos asocian su vislumbre a literatos clásicos y rishis. El icónico bronce de Shiva Nataraja surgió en el sur de la India, especialmente bajo la dinastía Chola entre los siglos 9 y 13 d.C. 
​Datos interesantes
  • La danza de Shiva representa el ciclo eterno de creación, preservación, destrucción, ilusión y liberación (panchakritya).
  • Shiva aplasta bajo su pie al demonio Apasmara, símbolo de la ignorancia y el ego, pero lo deja con vida para mantener el equilibrio cósmico.
  • Se dice que Shiva apareció como mendicante danzante (Bhikshatana), acompañado de Vishnu en forma de Mohini, para humillar a los sabios que se volvieron arrogantes, y luego realizó su danza cósmica en el bosque de Tillai (Chidambaram).
  • La imagen de Nataraja fue adoptada como símbolo del poder político y religioso de los Cholas, y hoy sigue siendo un emblema del arte y espiritualidad hindú.
​Descripción breve de la historia: Introducción, nudo y desenlace
Introducción: Shiva aparece en el bosque de Tillai en forma de mendigo danzante para desafiar a sabios arrogantes.
Nudo: Los sabios le lanzan bestias mágicas y maleficios, pero Shiva las derrota y revela su forma divina.
Desenlace: Shiva baila el Tandava ante dioses y sabios, aplasta al demonio Apasmara y libera conciencia espiritual.
​Personajes principales
  1. Shiva – Dios supremo que encarna la danza cósmica (Tandava) como Nataraja.
  2. Apasmara (Muyalaka) – Demonio de la ignorancia sometido bajo el pie de Shiva.
  3. Patanjali y Vyaghrapada – Sabios que invitan a Shiva a repetir su danza en Chidambaram.
  4. Mohini (Vishnu transformado) – Interviene para distraer a los sabios mientras Shiva realiza su danza.
  5. Rishis arrogantes del bosque de Tillai – Quienes pretenden desafiar a Shiva con su poder.
​La danza de Shiva
Hace mucho, mucho tiempo, cuando la tierra aún era joven y el universo palpitaba con los sonidos de la creación, los dioses y sabios del mundo caminaban entre los hombres. Entre todos ellos, había uno que no se parecía a ningún otro: Shiva, el señor de la transformación. No era solo un dios que destruía, como algunos temían, sino el que removía todo lo que ya no servía para dar paso a lo nuevo. Shiva era el principio y el final, el sonido y el silencio, el fuego y el viento.
En un rincón sagrado de la India, se hallaba el antiguo bosque de Tillai. Era un lugar de paz, de reflexión y de práctica espiritual. En ese bosque vivía una comunidad de rishis, sabios consagrados a los rituales, las plegarias y la sabiduría. Durante muchos años, estos sabios llevaron una vida estricta, convencidos de que sus rezos mantenían el equilibrio del universo.
Sin embargo, con el paso del tiempo, algo en sus corazones cambió. Sin darse cuenta, los rishis comenzaron a sentirse superiores. Pensaban que sus conocimientos eran los más grandes, que sus rituales eran perfectos, y que incluso los dioses les debían respeto. Uno de ellos dijo: “Nuestros sacrificios alimentan a los dioses. ¿Qué harían sin nosotros?”. Otro comentó: “¡Incluso Shiva debería inclinarse ante nuestro poder!”. Y todos asintieron, sin darse cuenta de que estaban cayendo en la trampa del orgullo.
Desde lo alto del monte Kailasa, Shiva escuchó sus palabras. Con sus ojos cerrados y su frente adornada con la luna, sonrió con dulzura. No se enojó. En su infinita compasión, pensó que esos sabios necesitaban aprender una lección, no con castigo, sino con sabiduría. Decidió ir al bosque de Tillai, no como un dios resplandeciente, sino como un mendigo danzante.
Shiva descendió con su forma más inusual: el Bhikshatana, el señor mendigo. Su cuerpo estaba cubierto de cenizas, llevaba collares de calaveras y serpientes enrolladas en los brazos y el cuello. En su mano portaba un cuenco de mendicante y caminaba con un ritmo sereno. Pero no venía solo. A su lado, Vishnu, el dios de la preservación, decidió acompañarlo, transformado en una mujer de belleza deslumbrante: Mohini. Juntos caminaron hacia el bosque.
Cuando llegaron al bosque de Tillai, la presencia de Mohini causó revuelo. Las esposas de los sabios quedaron hipnotizadas por su hermosura, y algunos discípulos dejaron sus rezos para contemplarla. Shiva, mientras tanto, comenzó a danzar. No era una danza común. Cada movimiento suyo parecía tocar las fibras del universo. Su cuerpo giraba, sus brazos se alzaban, sus pies marcaban un ritmo invisible que sacudía la tierra y el cielo.
Los sabios se sintieron ofendidos. ¿Quién era ese mendigo cubierto de cenizas que perturbaba su santidad? ¿Quién era esa mujer que causaba desorden entre sus familias? Llenos de cólera, decidieron usar sus poderes para enfrentar al misterioso danzante. Uno de ellos invocó un feroz tigre mágico, que salió rugiendo del fuego sagrado. Sin perder la calma, Shiva atrapó al tigre con una mano y, con una sonrisa, lo desolló en el aire, envolviendo su cuerpo con la piel como una capa. Los sabios quedaron asombrados, pero no se detuvieron.
Entonces, invocaron una gigantesca serpiente venenosa. De sus fauces salía humo oscuro y sus colmillos eran tan largos como lanzas. Shiva simplemente la recogió con cariño, la enroscó en su cuello como un adorno y continuó su danza.
Los sabios no se rendían. Realizaron entonces un ritual aún más peligroso. Invocaron a Muyalaka, también conocido como Apasmara, un demonio enano, símbolo de la ignorancia, la necedad y el olvido espiritual. Era pequeño, pero astuto y peligroso. Sus ojos ardían con soberbia, y su risa burlona hacía temblar el aire. Muyalaka se lanzó sobre Shiva, dispuesto a derribarlo. Pero Shiva, en un instante, alzó su pierna izquierda y aplastó al demonio bajo su pie derecho. No lo mató. Solo lo mantuvo ahí, inmóvil, recordando al mundo que la ignorancia no puede ser destruida, pero sí controlada.
Y fue entonces que todo cambió.
En ese momento, Shiva dejó de ser un mendigo. Su forma se transformó ante todos en la del majestuoso Nataraja, el Señor de la Danza. Sus cabellos se expandieron como una corona de llamas, sus brazos se multiplicaron en una coreografía divina. En una mano sostenía un tambor llamado damaru, cuyo sonido marcaba el pulso del universo. En otra mano, llevaba una llama que podía devorar mundos. Otra mano señalaba hacia el cielo y una más, con la palma abierta, ofrecía protección. Su pie derecho aplastaba la ignorancia, mientras el izquierdo se alzaba en libertad.
Los sabios cayeron de rodillas. Todo el bosque se detuvo. Hasta los dioses descendieron para contemplar la danza de Shiva. Era el Ananda Tandava, la danza de la dicha, la danza de la creación, la destrucción, la preservación, la ilusión y la liberación.
En ese momento, dos sabios verdaderamente humildes, Patanjali y Vyaghrapada, se acercaron con lágrimas en los ojos. No se sintieron ofendidos. Se sintieron bendecidos. Le pidieron a Shiva que no guardara su danza solo para ellos, que la ofreciera al mundo. Le rogaron que realizara el Ananda Tandava en el gran templo de Chidambaram, en una sala sagrada llamada la Sabha, el espacio de la conciencia.
Shiva aceptó. Desde entonces, se dice que en Chidambaram, donde se construyó el templo con columnas de oro, su danza nunca termina. Aunque no todos pueden verla con los ojos, los corazones puros la sienten. Es la danza del alma, el ritmo eterno que vive en cada respiración, en cada comienzo y en cada fin.
Y así, los sabios aprendieron que el conocimiento sin humildad es una cáscara vacía, que la danza más poderosa es la del espíritu libre, y que en cada uno de nosotros hay un Nataraja esperando a danzar cuando vencemos nuestros propios demonios.
​Preguntas de comprensión lectora
  1. ¿Quién es el demonio que Shiva aplasta bajo su pie y qué simboliza?
  2. ¿Por qué Shiva se presenta como mendicante en el bosque?
  3. ¿Qué papel cumple Mohini en la historia?
  4. ¿Qué representa el tambor que sostiene Shiva durante la danza?
  5. ¿Cuál es la lección principal que recibieron los sabios arrogantes?
​Respuestas a las preguntas
  1. El demonio se llama Apasmara o Muyalaka y simboliza la ignorancia y el ego desequilibrado.
  2. Shiva adopta esa forma para burlarse de los sabios orgullosos y poner a prueba su vanidad.
  3. Mohini (Vishnu en forma femenina) distrae a las esposas de los sabios y revela la superficialidad de sus creencias.
  4. El tambor (damaru) simboliza el sonido primordial del universo y el acto creativo de Shiva.
  5. Entendieron que la verdadera sabiduría no proviene del orgullo, sino del reconocimiento de la ignorancia y la apertura espiritual.
​Reflexión
Al cerrar esta lectura, nos quedamos con la imagen poderosa de Shiva danzando, balanceado en un pie, dentro de un círculo de fuego, simbolizando el ciclo eterno de la existencia. Es una invitación a contemplar la fuerza que reside en aceptar tanto el inicio como el fin, la creación como destrucción.
La lección moral es clara: en la vida, el ego y la ignorancia son obstáculos que debemos reconocer y manejar, no eliminar sin reflexión. Shiva no destruye por venganza: aplasta a Apasmara pero le mantiene la vida, recordándonos que el equilibrio entre conocimiento y humildad es esencial.
​Preguntas para reflexionar
  • ¿Has sentido en tu vida que el orgullo te bloquea?
  • ¿Cómo puedes balancear la voluntad de “crear” con la necesidad de soltar lo que ya no sirve?
  • ¿Qué demonio interior (como miedo o ego) podrías intentar comprender en lugar de reprimir?
​Glosario
  • Tandava: danza poderosa de Shiva que representa el ciclo cósmico.
  • Nataraja: “Señor de la danza”, forma de Shiva danzante.
  • Apasmara (Muyalaka): demonio que simboliza ignorancia y olvido espiritual.
  • Bhikshatana: forma de mendigo divino que adopta Shiva para engañar a los sabios.
  • Sabha: sala de conciencia o espacio sagrado donde Shiva baila en Chidambaram.
  • Ananda Tandava: danza de la dicha, versión más contemplativa y armoniosa del Tandava.
  • Panchakritya: las cinco acciones de Shiva: creación, preservación, destrucción, ilusión y gracia.
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