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La Casa de los Perros, Leyenda de Guadalajara

7/6/2025

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Categoría: Leyendas
Foto
Ubicada en el corazón de Guadalajara, Jalisco, La Casa de los Perros es uno de los inmuebles más emblemáticos y misteriosos del centro histórico. Su nombre proviene de dos esculturas de perros de yeso que se colocaron en su fachada en el siglo XIX, apuntando simbólicamente hacia el norte y el sur de la ciudad. La leyenda tiene su origen en relatos populares transmitidos oralmente durante generaciones, sin un autor oficial, pero profundamente arraigada en el imaginario tapatío.
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El edificio fue originalmente la primera imprenta de Guadalajara y, en la actualidad, es sede del Museo del Periodismo y las Artes Gráficas. Sin embargo, antes de convertirse en museo, fue escenario de una trágica historia de amor, promesas rotas y fenómenos paranormales, protagonizada por el acaudalado comerciante Jesús Flores y su joven esposa Ana González.
Datos interesantes
  • La casa fue construida en el siglo XVIII y albergó la imprenta que editó el primer periódico independiente de México: El Despertador Americano en 1810.
  • Las esculturas de los perros fueron traídas desde Nueva York por Ana González.
  • La leyenda asegura que quien rece un rosario a medianoche con una vela encendida puede obtener las escrituras de la propiedad.
  • El inmueble ha sido abandonado en diversas ocasiones debido a supuestos eventos paranormales.
  • Hoy en día es considerada una joya arquitectónica neoclásica y uno de los puntos turísticos más visitados del centro de Guadalajara.
Breve resumen de la historia
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Introducción
Don Jesús Flores, un rico comerciante de café, decide casarse en su vejez con la joven Ana González. Tras su boda, realizan un viaje a Europa, en el cual casi mueren cuando su barco estuvo a punto de hundirse. Al sobrevivir, prometen rezar un rosario por el alma del otro cuando alguno fallezca.
Nudo
Tras su regreso, Ana embellece su nueva casa y coloca en el techo las estatuas de dos perros como guardianes. Tiempo después, Don Jesús fallece, y Ana, heredera de toda su fortuna, olvida su promesa al casarse nuevamente y no rezar el rosario prometido.
Desenlace
Desde entonces, fenómenos paranormales ocurren en la casa. Se dice que quien entre a medianoche y rece un rosario puede obtener la propiedad, pero todos quienes lo han intentado han huido aterrados por voces de ultratumba.
Personajes principales
  1. Jesús Flores
    Rico comerciante de café, hombre mayor que se enamora de Ana. Su muerte da origen a los eventos sobrenaturales de la leyenda.
  2. Ana González
    Joven y bella mujer que se casa con Jesús Flores. Embellece la casa con esculturas caninas, pero rompe la promesa al no rezar por su difunto esposo.
  3. Los perros de piedra
    Estatuas que simbolizan vigilancia eterna y que dieron nombre a la casa. Se dice que cobran vida o protegen el lugar desde lo espiritual.
  4. La voz de ultratumba
    Presencia misteriosa que responde a quienes intentan rezar el rosario en la casa. Se cree que es el alma de Don Jesús Flores.
​La casa de los perros
En el corazón del centro histórico de Guadalajara, donde el bullicio de los transeúntes se mezcla con el eco de los siglos, se alza una casa de fachada elegante, antigua, de cantera dorada y puertas de madera robusta. Sobre su techo, desafiando al tiempo, dos perros de piedra observan con mirada inmóvil la ciudad, uno hacia el norte, el otro hacia el sur. Esa casa, conocida hoy como La Casa de los Perros, guarda en su interior una de las leyendas más inquietantes de Jalisco. Una historia donde el amor, la traición y lo sobrenatural convergen en un mismo lugar.
Todo comenzó a finales del siglo XIX, cuando Don Jesús Flores, un acaudalado comerciante de café, comenzó a sentirse solo. A sus setenta años de edad, los negocios le habían dejado una enorme fortuna, pero también muchos años de soledad. Viudo, sin hijos, y dueño de una de las propiedades más codiciadas de Guadalajara —una antigua imprenta colonial—, decidió que era hora de compartir su vida con alguien.
Fue entonces cuando conoció a Ana González, una joven de apenas veintitantos años, de belleza sutil y voz suave como la seda. La diferencia de edades era considerable, pero la atracción fue inmediata, al menos por parte de Don Jesús. Ana, por su parte, veía en aquel hombre elegante y generoso la oportunidad de asegurarse un futuro sin privaciones.
El noviazgo fue breve y discreto. Poco tiempo después, se celebró el matrimonio. La ciudad murmuró al respecto, como siempre lo hace. Algunos decían que Ana se casaba por interés; otros, que Don Jesús había recuperado las ganas de vivir. Lo cierto es que ambos partieron a Europa para disfrutar de una larga luna de miel por Francia, Italia y España.
Durante el viaje de regreso, un hecho marcó sus vidas para siempre. El barco en el que viajaban estuvo a punto de naufragar en una fuerte tormenta en el Atlántico. Entre gritos, rezos y desesperación, Jesús tomó la mano de Ana y le dijo con voz grave:
—Si uno de nosotros muere primero, el otro deberá rezar un rosario completo por su alma cada año, en la fecha del aniversario luctuoso. Te lo juro, Ana… si muero, no me olvides.
—Lo juro, Jesús —respondió Ana con lágrimas en los ojos, mientras el barco se sacudía como una hoja en el viento.
El mar los perdonó aquella noche. La tormenta cesó y el barco arribó sano y salvo al puerto de Veracruz días después. La pareja regresó a Guadalajara, y Don Jesús, en su entusiasmo por continuar la vida, decidió remodelar su casa.
Ana se involucró profundamente en la decoración. Mandó traer muebles de roble, cortinas de terciopelo rojo, candelabros de cristal y espejos enormes desde París. Pero lo más peculiar fue el encargo que hizo a un escultor de Nueva York: dos perros de piedra, grandes, fieros, con orejas erguidas y mirada vigilante. Quería que protegieran la casa, como dos centinelas eternos. Las esculturas fueron colocadas en el techo, apuntando en direcciones opuestas, como si vigilaran cada rincón de la ciudad.
La casa, entonces, pasó a ser conocida como La Casa de los Perros.
Pasaron algunos meses de felicidad aparente, hasta que Don Jesús comenzó a enfermar. La edad y el desgaste de los años lo alcanzaron. Primero dejó de caminar con soltura, luego dejó de asistir a sus negocios, y finalmente, un día, no se levantó más.
Falleció en su propia cama, al amanecer, con Ana sentada a su lado. Sus últimas palabras fueron: “No me olvides…”
El entierro fue majestuoso. Toda Guadalajara asistió al funeral del comerciante más respetado de la ciudad. Ana, vestida de negro riguroso, lloró frente a todos. Pero no todos le creyeron.
Pasaron los años. Ana heredó toda la fortuna, la casa, las propiedades y los negocios de Don Jesús. Dejó de vestir de luto rápidamente. Poco a poco, fue retomando la vida social, acudiendo a fiestas, tertulias y paseos. Los rumores sobre un nuevo pretendiente no tardaron en circular.
Efectivamente, Ana se volvió a casar con un joven abogado. El nuevo matrimonio causó revuelo, pero lo que escandalizó aún más fue que, el día del aniversario luctuoso de Don Jesús, nadie escuchó un solo rezo en la casa.
La promesa había sido rota.
Esa noche, cuentan los vecinos, la casa tembló levemente, como si un suspiro largo y profundo escapara de sus muros. Las lámparas parpadearon, y uno de los perros de piedra pareció emitir un leve crujido.
Desde entonces, comenzaron a ocurrir cosas extrañas.
Las ventanas se abrían solas en la madrugada. Las puertas rechinaban aunque no hubiera viento. Se escuchaban pasos por los pasillos vacíos, arrastrando una pierna, como lo hacía Don Jesús en sus últimos días. Algunos vecinos aseguraban ver una silueta oscura mirando por los balcones, mientras otros juraban haber escuchado el llanto de un hombre viejo por las noches.
Ana, al principio, no quiso creerlo. Pero pronto comenzó a tener pesadillas. Soñaba que Don Jesús caminaba por la casa, vestido con su bata de seda, repitiendo con voz cavernosa: “Prometiste... prometiste...”
Los perros de piedra, según los sirvientes, ya no estaban en la misma posición. Uno de ellos, aseguran, giró su cabeza hacia la habitación principal. Nadie pudo explicarlo.
Ana intentó huir de la casa, pero dondequiera que iba, las voces la seguían. Se encerró por semanas, y pronto la salud le comenzó a fallar. Su segundo esposo, incapaz de soportar la tensión, la abandonó.
Con el tiempo, la propiedad pasó a otros dueños. Pero todos la abandonaron poco después. Nadie podía vivir ahí más de unos meses. Algunos aseguraban haber escuchado un rosario siendo rezado en voz baja por una voz que no era humana. Otros, que al encender una vela en la noche, las paredes proyectaban sombras que no coincidían con las figuras humanas.
La leyenda cuenta que quien entre a La Casa de los Perros a medianoche, y encienda una vela en el centro de la casa mientras reza un rosario completo por el alma de Don Jesús, recibirá las escrituras del lugar como recompensa. Pero hay una condición: no interrumpir el rezo, sin importar lo que ocurra.
Muchos lo han intentado. Ninguno lo ha logrado.
Un joven valiente, curioso por la historia, se atrevió a entrar una noche. Llevaba una vela y un rosario. Cerró la puerta, se sentó en la sala y comenzó a rezar. Al llegar al tercer misterio, una voz grave respondió desde la oscuridad:
—Más fuerte…
El joven continuó, temblando. A mitad del rosario, la llama de la vela se apagó sola, aunque no había viento. En la oscuridad, escuchó pasos que se acercaban lentamente. Las palabras de la oración comenzaron a confundirse en su lengua. Sintió una mano fría en su hombro.
Gritó. Corrió hacia la puerta. No pudo abrirla al principio. Cuando al fin logró salir, juró no volver jamás.
Desde entonces, nadie ha conseguido completar el ritual. Algunos aseguran que los perros de piedra siguen esperando a alguien valiente y puro que cumpla la promesa rota. Otros creen que el alma de Don Jesús sigue penando, atrapada por el olvido y la traición.
Hoy, la casa ya no es hogar de nadie. El Ayuntamiento de Guadalajara la adquirió en los años 90 y la convirtió en el Museo del Periodismo y las Artes Gráficas. A plena luz del día, turistas y estudiantes caminan entre sus salas, ajenos a la historia que habita entre los muros.
Pero de noche… dicen que si pasas frente a la casa en silencio, puedes oír los pasos de un anciano arrastrando los pies, o los susurros de un rosario entrecortado por el viento.
Y si alguna vez te detienes a mirar los ojos de los perros de piedra, quizás… solo quizás… te devuelvan la mirada.
Preguntas de comprensión lectora
  1. ¿Quiénes son los protagonistas de la leyenda?
  2. ¿Qué promesa hicieron Jesús y Ana durante su viaje?
  3. ¿Qué elementos decorativos distintivos tiene la casa?
  4. ¿Qué hizo Ana González después de la muerte de Jesús?
  5. ¿Qué sucede con quienes intentan rezar un rosario en la casa?
  6. ¿Cuál fue el destino final del inmueble?
  7. ¿Qué significado tienen las esculturas de los perros?
  8. ¿Cómo se explica el origen de los fenómenos paranormales en la casa?
Respuestas a las preguntas de comprensión lectora
  1. Jesús Flores y Ana González.
  2. Prometieron rezar un rosario por el alma del otro cada año en su aniversario luctuoso.
  3. Dos esculturas de perros que apuntan al norte y al sur de la ciudad.
  4. Se volvió a casar y olvidó rezar el rosario prometido.
  5. Escuchan voces de ultratumba y huyen aterrados, sin completar el ritual.
  6. Fue convertido en el Museo del Periodismo y las Artes Gráficas.
  7. Representan a los guardianes eternos del alma de Don Jesús y de la casa.
  8. Se cree que son causados por el alma en pena de Don Jesús, quien fue olvidado por su esposa.
Reflexión
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La historia de “La casa de los perros” no solo nos envuelve en una atmósfera de misterio y sucesos paranormales, sino que también nos enfrenta a temas profundamente humanos como la lealtad, la memoria y el peso de las promesas. Al terminar de leerla, es inevitable preguntarse qué tan capaces somos de mantener nuestros compromisos cuando ya no nos conviene, o cuando la vida cambia de rumbo.
​
Desde una perspectiva moral, la leyenda advierte sobre el valor de la palabra dada. Ana González, al romper su promesa, no solo traicionó la memoria de su esposo, sino que liberó un ciclo de tristeza y desasosiego que marcó la historia de una casa entera. Las consecuencias de nuestras acciones, incluso después de la muerte, pueden perdurar mucho más allá de lo que imaginamos.
Preguntas para reflexionar
  • ¿Qué tan importante es cumplir nuestras promesas, incluso cuando ya no hay nadie que nos las reclame?
  • ¿Crees que las emociones como el olvido o el remordimiento pueden quedarse atrapadas en un lugar?
  • ¿Alguna vez has sentido que un sitio guarda recuerdos o energía del pasado?
  • ¿Qué representa para ti el simbolismo de los perros como guardianes eternos?
Glosario
  • Luctuoso: Relativo al luto o a la muerte.
  • Imprenta: Taller o establecimiento donde se imprimen libros, periódicos, etc.
  • Ultratumba: Mundo o existencia después de la muerte.
  • Travesía: Viaje, especialmente el que se hace por mar.
  • Rosario: Serie de oraciones rezadas con ayuda de cuentas o abalorios.
  • Escrituras: Documento legal que acredita la propiedad de un bien inmueble.
  • Esculturas: Obras artísticas hechas con materiales como piedra o yeso.
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