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Categoría: Cuentos "El hombrecito de jengibre" (en inglés: The Gingerbread Man) es un cuento popular de tradición anglosajona. La primera versión impresa data de 1875 y fue publicada en la revista infantil St. Nicholas Magazine. Su origen es incierto, pero forma parte del folclore oral de Estados Unidos, aunque presenta semejanzas con leyendas europeas antiguas como la del "Hombre de pan de jengibre" en Inglaterra y Alemania. Este cuento ha sido adaptado en libros ilustrados, series de televisión, películas animadas y obras teatrales. Algunas de sus versiones modernas más conocidas aparecen en la saga cinematográfica Shrek, donde el personaje de “Gingy” es una parodia del cuento original. En total, existen más de 50 adaptaciones reconocidas en distintos medios y culturas. Datos interesantes
Resumen breve Introducción: Una anciana hornea un hombrecito de jengibre, que cobra vida y escapa antes de ser comido. Nudo: El hombrecito corre velozmente escapando de varios personajes hambrientos: la anciana, el anciano, una vaca, un caballo, y otros animales. Desenlace: Finalmente, un astuto zorro engaña al hombrecito de jengibre y se lo come cuando intenta cruzar el río. Descripción de personajes principales
El hombrecito de jengibre Había una vez una anciana que vivía con su esposo en una pequeña cabaña junto al bosque. La anciana era famosa en todo el pueblo por sus deliciosas galletas de jengibre, crujientes por fuera y suaves por dentro, con aroma a canela, clavo y miel. Una mañana soleada de primavera, la anciana decidió preparar una galleta muy especial. Con esmero mezcló la harina con el azúcar, el jengibre, la miel y una pizca de nuez moscada. Amasó la masa con sus manos arrugadas hasta lograr la textura perfecta y, con mucho cuidado, le dio forma de un pequeño hombrecito. Le puso ojos de pasas, botones de cereza, una sonrisa de glaseado blanco y dibujó con chocolate sus botas. "Será la galleta más bonita y sabrosa que haya hecho jamás", dijo satisfecha mientras lo metía al horno. Pero justo cuando abrió la puerta para sacar su creación, ocurrió algo sorprendente. —¡No me comas! —gritó una voz aguda y vivaz. La anciana parpadeó incrédula mientras el hombrecito de jengibre salía corriendo del horno y saltaba al suelo. —¡Corre, corre, tan rápido como puedas! ¡No puedes atraparme, soy el hombrecito de jengibre! Y así salió disparado por la puerta abierta de la cocina. —¡Espera, vuelve aquí! —gritó la anciana, persiguiéndolo con su rodillo de amasar. El anciano, al escuchar el alboroto, salió de la leñera. —¿Qué sucede? —¡Mi galleta especial ha cobrado vida y se ha escapado! Ambos salieron corriendo tras él, pero el hombrecito de jengibre era veloz como el viento. Por el camino se encontró con una vaca que pastaba plácidamente. —¡Mmm, qué delicioso hueles, hombrecito de jengibre! —mugió la vaca—. ¡Déjame darte un bocado! Pero el hombrecito rió: —He escapado de la anciana y del anciano, y también escaparé de ti. Y cantó mientras corría: "¡Corre, corre, tan rápido como puedas! ¡No puedes atraparme, soy el hombrecito de jengibre!" La vaca trotó tras él, pero no pudo alcanzarlo. Más adelante, un caballo descansaba junto al arroyo. —¡Qué bien hueles, hombrecito de jengibre! ¡Quiero probarte! Pero el hombrecito no se detuvo: —He escapado de la anciana, del anciano, de la vaca... ¡y también escaparé de ti! Repitió su canto burlón y el caballo galopó tras él, sin éxito. Por el camino, un cerdo barrigón se sumó a la persecución: —¡Ven aquí, galletita deliciosa! —¡He escapado de todos ellos y también lo haré de ti! —dijo el hombrecito, veloz. El cerdo resopló y corrió tras él, pero tampoco pudo atraparlo. El hombrecito de jengibre continuaba corriendo, feliz y orgulloso. Pronto llegó a un río caudaloso. Se detuvo en la orilla: el agua lo haría deshacerse si intentaba cruzarla. Fue entonces cuando un zorro astuto apareció sigilosamente. —Hola, pequeño hombrecito de jengibre. ¿Por qué tan apurado? —¡Debo cruzar este río, pero no quiero mojarme! —No hay problema —sonrió el zorro astuto—. Súbete a mi cola y te llevaré al otro lado. Desconfiado, el hombrecito dudó, pero al ver a sus perseguidores acercarse, aceptó. El zorro nadó con cuidado. Pronto dijo: —El agua sube, pequeño. Sube a mi lomo o te mojarás. El hombrecito obedeció. Un poco después: —El agua sigue subiendo. Sube a mi cabeza. Así lo hizo. Por último: —Ahora sube a mi hocico, es el lugar más seco. El hombrecito dio un salto al hocico... ¡y de un bocado, el zorro se lo comió! Y así terminó la aventura del hombrecito de jengibre, que había escapado de todos menos del zorro astuto. Preguntas de comprensión lectora
Preguntas de comprensión lectora
Respuestas
Reflexión Este cuento nos invita a reflexionar sobre la importancia de la prudencia y la desconfianza ante promesas fáciles. El hombrecito de jengibre confiaba demasiado en su rapidez y en desconocidos, lo que finalmente lo llevó a su perdición. Análisis La historia nos enseña que la confianza ciega puede ser peligrosa, especialmente cuando proviene de alguien astuto o desconocido. Además, el exceso de orgullo puede hacernos vulnerables, pues creemos que nada puede vencernos hasta que es demasiado tarde. Preguntas para reflexionar
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