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Categoría: Leer para entender Bilbo Bolsón es un hobbit. Vive en una madriguera confortable bajo una colina verde, con despensa llena, chimenea encendida y sin ningún deseo de aventuras. Los hobbits son así: pequeños, de pies peludos, amantes de la buena comida y de la tranquilidad. La última cosa que Bilbo desea es que alguien llegue a su puerta a complicarle la vida. Pero una mañana aparece Gandalf, un mago de barba gris y sombrero puntiagudo, seguido de trece enanos ruidosos que se instalan en su casa, devoran toda su comida y le anuncian que él, Bilbo Bolsón, será el decimocuarto miembro de su expedición. El objetivo: cruzar medio mundo, atravesar bosques oscuros y montañas habitadas por gigantes, para llegar a la Montaña Solitaria donde un dragón llamado Smaug duerme sobre un tesoro robado a los enanos hace generaciones. Bilbo no quiere ir. Pero va. Y en ese viaje, el hobbit más casero y prudente de la Comarca descubre que tiene dentro de sí algo que nunca supo que existía: valor. No el valor de los héroes que no sienten miedo, sino el único valor real: hacer lo que hay que hacer a pesar del miedo. El Hobbit es una novela de aventuras, sí, pero también es la historia de un personaje que se descubre a sí mismo lejos de casa. Y desde el punto de vista del lenguaje, es uno de los textos más ricos en descripciones, adjetivos y construcción de mundos que existe en la literatura del siglo XX. Sobre el autor: J. R. R. Tolkien John Ronald Reuel Tolkien nació el 3 de enero de 1892 en Bloemfontein, Sudáfrica, aunque se crió en Inglaterra desde los tres años. Quedó huérfano de padre a los cuatro años y de madre a los doce, y fue criado por un sacerdote católico que se convirtió en su tutor y figura paterna. Desde niño, Tolkien mostró una habilidad extraordinaria para los idiomas. A los doce años leía latín, griego antiguo y anglosajón con fluidez. Más tarde aprendió finés, galés, gótico y varios idiomas medievales. Y no solo los aprendía: los estudiaba como sistemas, fascinado por cómo cada lengua construía su propia visión del mundo. Esa fascinación lo llevó a hacer algo que ningún escritor había hecho antes con ese nivel de detalle: inventar idiomas completos. El quenya y el sindarin, los dos idiomas élficos de su mundo, tienen gramática propia, vocabulario extenso, historia fonológica y literatura interna. Tolkien no inventó palabras sueltas como Rowling: construyó lenguas enteras desde sus raíces. Fue profesor de Literatura Medieval en la Universidad de Oxford durante décadas, y gran parte de lo que escribió en El Hobbit y en El Señor de los Anillos tiene raíces directas en la mitología nórdica, el anglosajón y los poemas épicos medievales que enseñaba a sus alumnos. El Hobbit fue publicado en 1937. Tolkien lo escribió originalmente para entretener a sus hijos, llenando los márgenes de los exámenes que corregía con las primeras notas de la historia. Una colega suya leyó el manuscrito y lo recomendó a la editorial Allen & Unwin, que lo publicó con gran éxito. Tolkien murió el 2 de septiembre de 1973 en Oxford, a los 81 años. Su hijo Christopher dedicó décadas a publicar y ordenar las miles de páginas de notas, mapas, genealogías e historias que su padre dejó incompletas, construyendo así el universo más detallado que un escritor haya creado jamás. Datos curiosos que quizás no sabías
Fragmentos del libro para conectar con la historia La primera línea de El Hobbit es una de las más famosas de la literatura de fantasía, y establece de inmediato el tono cálido y detallado de Tolkien: "En un agujero en el suelo vivía un hobbit. No un agujero húmedo, sucio y repugnante, lleno de gusanos y con olor a fango, ni tampoco un agujero seco, arenoso y pelado, sin nada en que sentarse ni nada que comer: era un agujero-hobbit, lo que significa que era cómodo." Fíjate en cómo Tolkien no solo describe el agujero: primero te dice lo que no es, con dos opciones desagradables, y luego te revela lo que sí es. Esa técnica de definir por contraste es una herramienta poderosa en la escritura descriptiva. Cuando Gandalf aparece en la puerta de Bilbo y este intenta deshacerse de él educadamente, ocurre este intercambio memorable: "Buenos días —dijo Bilbo, y lo decía en serio, pues el sol brillaba y la hierba era muy verde. Pero Gandalf lo miró con sus ojos penetrantes bajo sus espesas cejas—. ¿Qué quieres decir? —preguntó—. ¿Que este día es bueno para ti, o que deseas que yo tenga un buen día, o que te sientes bien esta mañana, o que este es un día para estar alegre?" Tolkien usa ese diálogo para introducir uno de sus temas favoritos: la imprecisión del lenguaje cotidiano. Las palabras que usamos sin pensar pueden significar muchas cosas distintas. Y esta descripción de la Montaña Solitaria al fondo del horizonte, cuando la expedición la ve por primera vez: "Allí estaba, a lo lejos: la Montaña Solitaria en el confín del mundo. Su cima nevada brillaba bajo el sol de la tarde, y sus laderas grises caían en sombra hacia un valle que no podía verse desde allí." Crónica de una muerte anunciada — cuando el final es el principio Tolkien es, probablemente, el maestro moderno de la descripción. En sus páginas, los lugares tienen personalidad, los paisajes tienen historia y cada adjetivo ha sido elegido con cuidado quirúrgico. Analizar cómo describe le enseña a cualquier escritor en español a usar los adjetivos de forma más precisa y poderosa. El orden de los adjetivos en español En español, los adjetivos pueden ir antes o después del sustantivo, y esa posición cambia el significado o el énfasis:
Tolkien casi nunca usa adjetivos vagos como bonito, grande o malo. En cambio usa:
Cada uno de esos adjetivos no solo describe: evoca una emoción específica. Venerable implica respeto. Lóbrego implica tristeza y amenaza. Apacible implica calma reconfortante. Esa es la diferencia entre describir y crear una atmósfera. La acumulación de detalles sensoriales Tolkien describe usando los cinco sentidos, no solo la vista. Cuando Bilbo llega a la guarida de Smaug, no solo vemos el oro: escuchamos la respiración del dragón, sentimos el calor del fuego dormido, olemos el azufre. Practicar la descripción sensorial completa es uno de los ejercicios más eficaces para mejorar la escritura en español. Actividad para practicar Elige un lugar que conozcas bien: tu cuarto, el patio de tu escuela, un parque, la cocina de tu casa. Escribe una descripción de ese lugar al estilo Tolkien, siguiendo estas reglas:
El mapa como herramienta de escritura y de aprendizaje Una de las características más queridas de las ediciones de El Hobbit es el mapa de la Tierra Media que aparece al inicio. Tolkien lo dibujó él mismo, con runas, indicaciones en idioma élfico y marcas de los lugares importantes de la historia. Crear un mapa de un lugar imaginario es uno de los mejores ejercicios para practicar el vocabulario espacial en español: al norte de, al sur de, al este de, al oeste de, a orillas de, en el centro de, más allá de, entre, frente a, detrás de, a los pies de, en la cima de, a lo largo de Dibuja tu propio mapa de un lugar imaginario y escribe cinco oraciones describiendo la ubicación de sus elementos usando ese vocabulario. Una reflexión sobre el valor y la comodidad Al inicio del libro, Bilbo tiene todo lo que necesita para ser feliz: comida, calidez, tranquilidad. Y sin embargo, algo en él responde al llamado de la aventura, aunque su parte más sensata intente ignorarlo. Tolkien describe ese conflicto interno de Bilbo con una frase que muchos lectores sienten como propia: "Tenía, como la mayoría de sus parientes, una vena de algo no del todo respetable, que aguardaba el momento oportuno para salir." Esa "vena de algo no del todo respetable" es la curiosidad, el deseo de ver el mundo más allá de lo conocido. Tolkien sugiere que la comodidad es valiosa, pero que quedarse siempre en ella tiene un costo: nunca descubrir quién eres cuando el camino se pone difícil. Para seguir explorando Si El Hobbit te despertó curiosidad, puedes explorar también:
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