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Categoría: Cuentos “El flautista de Hamelín” es una leyenda de origen alemán que data del siglo XIII. Se popularizó gracias a los Hermanos Grimm, quienes incluyeron una versión del cuento en su colección de relatos tradicionales publicada en el siglo XIX. La historia se sitúa en la ciudad de Hamelín, en Alemania, y narra un misterioso suceso ocurrido en 1284, en el que, según crónicas antiguas, desaparecieron inexplicablemente 130 niños. A lo largo de los años, el relato ha tenido numerosas adaptaciones literarias, teatrales, cinematográficas y musicales. Entre las más conocidas destacan versiones para cine animado, cuentos ilustrados, obras de teatro infantil y representaciones de marionetas en todo el mundo. Su mensaje moral sobre la importancia de cumplir con las promesas ha trascendido generaciones. Datos interesantes
Breve descripción de la historia Introducción: La ciudad de Hamelín sufre una gran plaga de ratas que ni los gatos ni los venenos logran eliminar. Los habitantes están desesperados. Nudo: Un misterioso flautista aparece y promete librar a la ciudad de los roedores a cambio de una recompensa. Al tocar su flauta, las ratas lo siguen hasta desaparecer en el río. Sin embargo, los habitantes se niegan a pagarle. Desenlace: El flautista, furioso por el incumplimiento, regresa y con su flauta hechiza a los niños de la ciudad, llevándolos para siempre a un lugar desconocido. Descripción de los personajes principales
El flautista de Hamelín Había una vez, en el corazón de Alemania, una ciudad próspera llamada Hamelín. Sus habitantes vivían tranquilos, dedicados al comercio, la agricultura y las artesanías. Las calles estaban siempre limpias, los niños jugaban en las plazas y las campanas de la iglesia marcaban el ritmo de la vida diaria. Pero un día, sin previo aviso, una plaga terrible cayó sobre la ciudad: ratas. No unas pocas, sino miles, millones quizá. Por las calles, los tejados, los sótanos y las cocinas, los roedores invadieron cada rincón. Mordían la ropa, se comían los granos, arruinaban los quesos y hasta mordisqueaban los zapatos de los niños mientras dormían. Los habitantes intentaron todo: pusieron trampas, trajeron gatos, prepararon venenos y pidieron ayuda a magos y curanderos. Nada funcionó. Las ratas se multiplicaban con más fuerza. El alcalde y el consejo de la ciudad, desesperados, prometieron una gran recompensa a quien pudiera librarlos de aquella maldición. Un día, mientras todos discutían en la plaza principal, apareció un hombre extraño. Vestía una túnica de brillantes colores: verde, azul, rojo y amarillo. Llevaba un sombrero puntiagudo con una pluma dorada y colgando de su cinturón, una flauta larga de madera fina. —¿Buscan deshacerse de las ratas? —preguntó el hombre con voz melodiosa—. Por mil monedas de oro, puedo limpiar la ciudad en un solo día. El alcalde y los concejales se miraron con escepticismo, pero la desesperación los venció. —Si logras librarnos de esta plaga, te pagaremos mil monedas de oro —prometieron. El hombre asintió y, sin decir más, tomó su flauta, la llevó a los labios y comenzó a tocar una música suave, hipnotizante. Las notas flotaron por el aire como un hechizo. De cada rincón de la ciudad, surgieron ratas: de las alcantarillas, de las casas, de los muros. Todas corrían detrás del flautista, que marchaba tranquilamente hacia el río Weser. Miles de roedores siguieron la melodía hasta llegar a la ribera. Uno a uno, embelesados, se lanzaron al agua y fueron arrastrados por la corriente hasta desaparecer. Cuando el último ratón se hundió en el río, el flautista volvió a la plaza con una sonrisa. —He cumplido con mi parte —dijo—. Ahora, espero mi recompensa. Pero el alcalde, ambicioso y codicioso, habló: —Mil monedas es demasiado por tan poco trabajo. Te daremos cien y da gracias. El flautista lo miró con frialdad. —Se los advertí. Si rompen su promesa, lo lamentarán. El consejo rió. ¿Qué podía hacer un simple músico contra toda una ciudad? El flautista se marchó sin decir más. A la mañana siguiente, cuando el sol asomaba, el extraño hombre regresó. Llevaba la misma túnica de colores, el mismo sombrero, la misma flauta. Sin decir palabra, comenzó a tocar de nuevo. Pero esta vez, la melodía era distinta: dulce, alegre, irresistible para los oídos humanos. Los niños de Hamelín, al escuchar la música, dejaron lo que hacían: algunos soltaban sus juguetes, otros abandonaban sus camas, otros sus desayunos. Uno tras otro salieron de sus casas con los ojos brillantes, sonrientes, hipnotizados por la mágica melodía. El flautista caminaba por las calles y detrás de él, una fila de niños y niñas de todas las edades lo seguía sin dudar. Los padres gritaban, corrían tras ellos, pero ningún niño escuchaba. El flautista salió de la ciudad y se dirigió a una colina. Al llegar allí, la ladera se abrió como una puerta encantada. El hombre entró seguido de todos los niños y, al cerrarse la montaña tras ellos, desaparecieron para siempre. La ciudad quedó en silencio. Solo una niña coja y un niño sordo se salvaron, porque no pudieron seguir la música. Ellos contaron lo sucedido: habían visto un mundo maravilloso al otro lado de la montaña, con árboles de dulces, ríos de leche y pastos de colores brillantes. Los padres, desconsolados, suplicaron al flautista que devolviera a sus hijos, pero ya era tarde. Así, Hamelín aprendió la dura lección de que las promesas deben cumplirse, cueste lo que cueste. Desde entonces, nadie en Hamelín olvida la historia del flautista y los niños perdidos. Preguntas de comprensión lectora
Respuestas a las preguntas de comprensión lectora
Reflexión El cuento del flautista de Hamelín nos deja una sensación de asombro y tristeza. Nos muestra un mundo mágico y peligroso donde las palabras incumplidas traen terribles consecuencias. La historia nos invita a pensar en la importancia de actuar con honestidad y de valorar nuestras promesas. Análisis de la moralejaLa principal lección de este cuento es clara: las promesas deben cumplirse. Romper una palabra dada puede traer desgracias no solo para uno mismo, sino para toda una comunidad. Además, la historia resalta la importancia de la justicia, la responsabilidad y el respeto hacia quienes nos ayudan. Preguntas para reflexionar
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