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Categoría: Leer para entender El 12 de junio de 1942, una niña judía de trece años que vivía en Ámsterdam recibió como regalo de cumpleaños un cuaderno de tapa a cuadros rojos y blancos. Lo primero que escribió adentro fue una dedicatoria para su nueva amiga imaginaria, a quien llamó Kitty. Lo que siguió durante los próximos dos años y un mes es uno de los documentos humanos más importantes del siglo XX. Ana Frank y su familia eran judíos alemanes que habían huido a los Países Bajos en 1933 para escapar del régimen nazi de Adolf Hitler. Pero en 1940 los nazis ocuparon también Holanda, y las leyes antisemitas comenzaron a cercar a los judíos holandeses: no podían ir a ciertas tiendas, no podían usar el transporte público, los niños judíos fueron expulsados de las escuelas regulares, y todos debían llevar cosida en la ropa una estrella de David amarilla para ser identificados. En julio de 1942, cuando la hermana mayor de Ana, Margot, recibió una citación para ser deportada a un campo de trabajo en Alemania, la familia tomó una decisión desesperada: desaparecer. Otto Frank, el padre, había preparado en secreto un escondite en la parte trasera del edificio donde tenía su empresa, un espacio oculto detrás de una estantería giratoria al que Ana llamó la Casa de atrás. Ahí vivieron durante 761 días: los cuatro miembros de la familia Frank, otra familia llamada Van Pels con su hijo adolescente Peter, y un dentista llamado Fritz Pfeffer. Ocho personas en un espacio diminuto, sin poder hacer ruido durante las horas laborales, sin salir jamás, dependiendo de la ayuda de un puñado de amigos que les traían comida y noticias del exterior a riesgo de sus propias vidas. Ana escribió todo eso en su diario. Escribió sobre el miedo y el aburrimiento, sobre sus peleas con su madre, sobre su enamoramiento adolescente de Peter Van Pels, sobre sus sueños de convertirse en escritora, sobre la guerra afuera y la vida adentro. Escribió con una honestidad y una profundidad que asombra incluso hoy, más de ochenta años después. En agosto de 1944, alguien delató a los escondidos. La Gestapo irrumpió en la Casa de atrás y arrestó a todos. Ana Frank murió en el campo de concentración de Bergen-Belsen en febrero o marzo de 1945, apenas unas semanas antes de que ese campo fuera liberado por las tropas aliadas. Tenía quince años. Su padre Otto fue el único de los ocho escondidos que sobrevivió. Al regresar a Ámsterdam, Miep Gies, una de las mujeres que los había ayudado, le entregó los cuadernos que Ana había dejado atrás. Otto Frank dedicó el resto de su vida a publicar y difundir el diario de su hija. Sobre Ana Frank Ana Frank nació el 12 de junio de 1929 en Frankfurt, Alemania, en una familia judía de clase media. Su padre Otto era un hombre culto, liberal y profundamente afectuoso. Su madre Edith era más seria y reservada. Su hermana Margot era tranquila, estudiosa y obediente. Ana, en cambio, era vivaz, curiosa, locuaz y apasionada: la que hacía reír a todos, la que siempre tenía una opinión, la que nunca se quedaba callada. Desde niña fue una lectora voraz y una escritora entusiasta. En el escondite, además del diario, escribió cuentos cortos, ensayos, y comenzó a recopilar frases y citas de libros que admiraba en un cuaderno separado. En 1944, cuando escuchó por radio que el gobierno holandés en el exilio pedía a los ciudadanos que guardaran documentos personales de la guerra, Ana comenzó a revisar y reescribir su diario con la intención explícita de publicarlo algún día. Quería ser escritora. Lo escribió en su diario con una claridad que, a la distancia, resulta al mismo tiempo admirable y devastadora: "Quiero seguir viviendo incluso después de mi muerte." Datos curiosos que quizás no sabías
Fragmentos del diario para conectar con la historia La primera entrada del diario establece el tono de inmediato. Ana se presenta a su nueva amiga imaginaria con una honestidad desarmante: "Espero poder confiártelo todo, como aún no he podido hacerlo con nadie, y espero que seas para mí un gran apoyo." Esta entrada, escrita cuando Ana tenía trece años y todavía vivía en libertad, muestra algo que cualquier escritor reconoce: la necesidad de tener un interlocutor, alguien a quien hablarle, aunque sea imaginario. Una de las entradas más citadas del diario, escrita el 15 de julio de 1944, apenas tres semanas antes de ser arrestada, cuando Ana reflexiona sobre su propia naturaleza a pesar de todo lo que ha vivido: "A pesar de todo, creo que la gente es buena en el fondo." Esta frase es extraordinaria por su contexto: Ana la escribió después de dos años escondida, después de haber visto el mundo volverse contra personas como ella únicamente por su origen. Y aun así, eligió creer en la bondad humana. Y esta reflexión sobre la escritura, que cualquier persona que haya llevado un diario alguna vez reconocerá: "El papel tiene más paciencia que las personas." La escritura en primera persona: el género del diario El Diario de Ana Frank es el ejemplo más leído en el mundo de un género textual específico: el diario personal. Y en español, escribir en primera persona con autenticidad es una de las habilidades más valiosas que un estudiante puede desarrollar. ¿Qué caracteriza al género del diario? El diario personal tiene rasgos muy específicos que lo distinguen de otros géneros:
Ana Frank es maestra en nombrar con precisión lo que siente. Aquí algunos ejemplos del tipo de vocabulario emocional que usa:
Cada una de esas palabras describe una emoción ligeramente diferente. Melancolía no es lo mismo que tristeza: la melancolía tiene algo de dulce, de nostalgia por algo hermoso que ya pasó. Indignación no es lo mismo que rabia: la indignación implica que algo fue injusto, no solo molesto. Conocer esas diferencias permite escribir con precisión emocional. El presente de indicativo en el diario: Una de las marcas gramaticales más características del diario es el uso del presente de indicativo para narrar hechos recientes, lo que crea una sensación de inmediatez:
El presente de indicativo en el diario: Una de las marcas gramaticales más características del diario es el uso del presente de indicativo para narrar hechos recientes, lo que crea una sensación de inmediatez:
Actividad para practicar Escribe tres entradas de diario imaginarias siguiendo el modelo de Ana Frank. Cada entrada debe:
El diario como acto de resistencia Una de las cosas más poderosas del diario de Ana Frank es que, en las circunstancias más extremas imaginables, ella eligió escribir. No tenía garantía de que alguien lo leería alguna vez. No sabía si sobreviviría. Pero escribir le daba algo que ninguna circunstancia exterior podía quitarle: un espacio propio, una voz, una forma de existir en el mundo aunque el mundo intentara hacerla invisible. Escribir en primera persona, con honestidad sobre lo que se siente y lo que se piensa, es un acto de afirmación personal. Ana Frank lo entendía con una claridad que asombra: "Tengo que escribir, de lo contrario me asfixio." Esa frase no es metáfora. Es la descripción exacta de lo que la escritura hace: abre espacio para respirar cuando el mundo exterior se cierra. Para seguir explorando Si El Diario de Ana Frank te despertó curiosidad, puedes explorar también:
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