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Categoría: Leer para entender En algún lugar de La Mancha, una región seca y polvorienta del centro de España, vive un hidalgo de unos cincuenta años llamado Alonso Quijano. Es un hombre tranquilo, delgado, de vida modesta, que tiene una afición que con el tiempo se convierte en obsesión: leer libros de caballerías, esas historias de caballeros con armadura que recorren el mundo rescatando doncellas, luchando contra gigantes y defendiendo a los inocentes. Lee tanto, tan intensamente, y duerme tan poco, que un día algo en su mente se rompe o, dependiendo de cómo lo mires, se abre. Alonso Quijano decide que él mismo es un caballero andante. Se pone una armadura oxidada que encuentra en el desván, le da un nombre sonoro a su viejo caballo flaco —Rocinante— y elige a una campesina del pueblo cercano como su dama, a quien llama Dulcinea del Toboso. Luego sale al mundo a hacer justicia. Y así nace Don Quijote de la Mancha. Lo que sigue son dos enormes volúmenes llenos de aventuras disparatadas, malentendidos cómicos y momentos de una profundidad inesperada. Don Quijote ataca molinos de viento creyendo que son gigantes. Libera presos creyendo que son inocentes injustamente encadenados. Confunde ventas miserables con castillos. Y en cada aventura lo acompaña Sancho Panza, su escudero, un campesino gordo, pragmático y analfabeto que no cree nada de lo que dice su amo pero lo sigue de todas formas, atraído por la promesa de una ínsula que gobernar. La relación entre Don Quijote y Sancho Panza es el corazón de la novela: dos visiones del mundo completamente opuestas que se necesitan mutuamente. Don Quijote ve el mundo como debería ser; Sancho lo ve como es. Juntos forman algo que ninguno podría ser por separado. Sobre el autor: Miguel de Cervantes Miguel de Cervantes Saavedra nació el 29 de septiembre de 1547 en Alcalá de Henares, España, en una familia de escasos recursos. Su padre era cirujano itinerante, lo que significó una infancia de mudanzas constantes y educación irregular. No se sabe con certeza dónde ni cómo aprendió a leer y escribir, aunque algunos historiadores creen que estudió con los jesuitas en Sevilla. A los veintidós años se fue a Italia, donde trabajó como soldado. En 1571 participó en la Batalla de Lepanto, uno de los enfrentamientos navales más importantes de la historia europea, en la que las flotas cristiana y otomana se cruzaron en el Mediterráneo. Cervantes resultó herido: recibió dos arcabuzazos en el pecho y uno en la mano izquierda, que quedó inutilizada para siempre. Siempre se sintió orgulloso de esa herida, llamándola su mejor cicatriz. En 1575, cuando regresaba a España en barco, fue capturado por piratas berberiscos y llevado a Argel, donde pasó cinco años como esclavo. Intentó escapar cuatro veces. Las cuatro veces fue recapturado. Finalmente fue rescatado en 1580 por frailes trinitarios que pagaron su rescate. De regreso en España, intentó hacer carrera como escritor de teatro y novela con éxito moderado. Trabajó como recaudador de impuestos, trabajo que lo llevó a la cárcel en más de una ocasión por irregularidades contables que nunca se aclararon del todo. Existe una tradición, no confirmada, que dice que comenzó a escribir Don Quijote precisamente en la cárcel. La primera parte de Don Quijote fue publicada en 1605 y fue un éxito inmediato y arrollador. En pocos meses se agotaron varias ediciones en Madrid y el libro circulaba ya por toda Europa e incluso había llegado a las colonias americanas. La segunda parte apareció en 1615, un año antes de la muerte de Cervantes. Miguel de Cervantes murió el 22 de abril de 1616 en Madrid. Curiosamente, ese mismo año murió también William Shakespeare. Aunque sus fechas de muerte son la misma en los calendarios actuales, en realidad murieron con diez días de diferencia, porque España e Inglaterra usaban calendarios distintos en esa época. Datos curiosos que quizás no sabías
Fragmentos del libro para conectar con la historia La apertura de Don Quijote es quizás la más famosa de toda la literatura en español. Cervantes la escribió con una deliberada imprecisión que los estudiosos han debatido durante cuatro siglos: "En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor." Fíjate en la frase "de cuyo nombre no quiero acordarme": Cervantes no dice que no recuerda el lugar, sino que no quiere recordarlo. Es un narrador que toma decisiones, que tiene personalidad, que juega con el lector desde la primera línea. El momento más citado de toda la novela es cuando Don Quijote ve los molinos de viento y le dice a Sancho lo que él cree ver: "¿Ves allí, amigo Sancho Panza, treinta o pocos más desaforados gigantes con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas?" Y la respuesta de Sancho, que es la voz del sentido común frente a la imaginación desbordada: "¿Qué gigantes? —dijo Sancho Panza— Aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento." Esa escena no es solo cómica. Es la imagen más perfecta del conflicto entre el mundo como es y el mundo como quisiéramos que fuera, un conflicto que Cervantes no resuelve, porque no tiene resolución fácil. Y esta reflexión de Don Quijote, que suena más a filósofo que a loco: "Yo sé quién soy, y sé que puedo ser no sólo los que he dicho, sino todos los doce Pares de Francia." Español clásico vs. español actual: el idioma que cambia Uno de los aspectos más fascinantes de Don Quijote para un estudiante de español es que el libro fue escrito hace más de cuatrocientos años, y aunque está escrito en español, hay partes que suenan casi como otro idioma. Eso nos dice algo extraordinario: el español está vivo, cambia, evoluciona. Veamos algunas diferencias entre el español de Cervantes y el español que hablamos hoy: Palabras que ya no usamos o que cambiaron:
Estructuras que cambiaron: En el español del siglo XVII, el pronombre podía ir después del verbo con mucha más libertad que hoy:
Lo notable es que, a pesar de estas diferencias, podemos leer Don Quijote en español sin necesitar una traducción. Quizás con ayuda de un glosario en algunas partes, pero el núcleo del idioma —su gramática fundamental, su vocabulario esencial, su musicalidad— sigue siendo el mismo. Eso es lo que hace al español una lengua extraordinariamente estable y coherente a través del tiempo. Las frases de Don Quijote que siguen vivas hoy Una de las maneras más hermosas de entender la influencia de Don Quijote en el español actual es rastrear las expresiones que el libro popularizó y que todavía usamos cuatro siglos después: "Ladran, Sancho, señal que cabalgamos" Esta frase, que en el libro Don Quijote le dice a Sancho cuando los aldeanos los insultan, se usa hoy para decir que las críticas y los ataques son señal de que uno está haciendo algo que vale la pena. "Con la Iglesia hemos topado" Se usa hoy cuando alguien encuentra un obstáculo demasiado poderoso o una autoridad imposible de cuestionar. "El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho" Una defensa de la combinación entre el conocimiento libresco y la experiencia directa del mundo que sigue siendo perfectamente válida hoy. "Más vale pájaro en mano que ciento volando" Aunque este refrán es anterior a Cervantes, él lo popularizó masivamente en la novela a través de Sancho Panza, quien constantemente cita refranes del pueblo. Actividad para practicar El lenguaje de Don Quijote es también el lenguaje de los sueños y de la imaginación. Hagamos un ejercicio en dos partes: Parte 1 — Traducción del tiempo: Toma estas frases del español de Cervantes y reescríbelas en español actual sin perder el significado:
Usa al menos cuatro adjetivos épicos como: descomunal, imponente, glorioso, formidable, luminoso, ancestral, temible, magnífico. Una reflexión sobre los molinos de viento La imagen de Don Quijote atacando molinos de viento se ha convertido en uno de los símbolos más poderosos de la cultura occidental. Cuando alguien lucha contra algo que los demás no ven, o defiende una causa que parece imposible, decimos que está luchando contra molinos de viento. Pero hay dos formas de leer esa imagen. La primera, la más obvia: Don Quijote es un loco que confunde la realidad. Sus batallas son contra fantasmas de su propia imaginación, y su tragedia es no poder ver el mundo como realmente es. La segunda, más profunda: quizás el problema no es que Don Quijote vea gigantes donde hay molinos, sino que Sancho solo ve molinos donde podría ver algo más. Quizás el mundo necesita personas que se nieguen a aceptar que las cosas son simplemente como son, personas que insistan en que podrían ser de otra manera. Cervantes no nos dice quién tiene razón. Nos deja con la pregunta. Para seguir explorando Si Don Quijote te despertó curiosidad, puedes explorar también:
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