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Categoría: Mitos Este mito de la mitología nórdica proviene de las recopilaciones medievales de la Poetic Edda y la Prose Edda, ambas compiladas en el siglo XIII a partir de fuentes orales mucho anteriores. En sus versos se cuenta la creación de los primeros humanos, Ask y Embla, obra de los dioses Odín, Vili y Vé —o en otra versión Hoenir y Lóðurr junto a Odín. Datos interesantes: – Sus nombres en nórdico antiguo significan “fresno” (Ask = askr) y posiblemente “olmo” (Embla, aunque la etimología es incierta). – En algunas versiones, antes de los dioses, los enanos podrían haber moldeado ya una forma humana a partir de la tierra, que luego los dioses animaron. – Existen paralelos proto‑indoeuropeos de humanidad nacida de árboles o madera; se relaciona con ritos antiguos del fuego y fertilidad. Historia en resumen:
Personajes principales:
La creación de Ask y Embla Hace mucho, mucho tiempo, cuando el mundo aún era un lugar oscuro y silencioso, no existía ni el sol ni la luna, ni siquiera la tierra que pisamos. Solo había un enorme abismo llamado Ginnungagap, un espacio vacío y frío entre dos grandes mundos: al norte estaba Niflheim, lleno de hielo y niebla, y al sur Muspelheim, un lugar de fuego y llamas. El choque entre el frío y el calor comenzó a crear gotas de agua que, poco a poco, dieron vida a un gigante llamado Ymir. Ymir fue el primer ser vivo, un gigante enorme que dormía profundamente. De su cuerpo surgieron otros gigantes, y de su sudor nacieron más seres. Pero un día, tres dioses poderosos llegaron al mundo: Odín, y sus hermanos Vili y Vé. Estos dioses decidieron que era hora de crear un mundo ordenado, donde vivieran otros seres diferentes, como los humanos. Para crear el mundo, mataron al gigante Ymir. De su cuerpo hicieron la tierra, de su sangre los mares y ríos, de sus huesos las montañas, y de su cabello los árboles y plantas. De su cráneo hicieron el cielo, que colocaron sobre la tierra, sosteniéndolo con cuatro enanos que representaban los puntos cardinales. De esta forma, Midgard, el mundo humano, comenzó a tomar forma. Pero el mundo estaba vacío, sin seres humanos. Fue entonces cuando los dioses caminaban por la orilla de una playa y encontraron dos troncos de madera. Uno era un tronco de fresno, alto y fuerte, y el otro un tronco de olmo, más delgado y elegante. Estos troncos no tenían vida, ni alma, ni voluntad. Eran solo madera muerta, arrastrada por el mar. Los dioses decidieron darles vida y crear a los primeros humanos con esos troncos. Primero, Odín, el dios sabio y poderoso, sopló su aliento sobre ellos. Les dio el spiritus, el aliento de vida, la chispa que hace que un cuerpo se mueva y respire. Los troncos comenzaron a sentir, a latir con vida nueva. Luego vino Vili, que les dio inteligencia y voluntad. Ahora podían pensar, imaginar y tomar decisiones. Su mente se iluminó con la capacidad para aprender y comprender el mundo que los rodeaba. Finalmente, Vé les entregó sentidos: la vista para ver la belleza del mundo, el oído para escuchar el canto de los pájaros y el sonido del viento, y la voz para comunicarse. También les dio forma humana, para que pudieran caminar erguidos y explorar la tierra. Así, de dos simples troncos sin vida, nacieron dos seres humanos: el hombre llamado Ask, que significa “fresno”, y la mujer llamada Embla, posiblemente “olmo” o “la que da vida”. Estos fueron los primeros humanos, los padres de toda la humanidad. Los dioses les dieron ropa para protegerse del frío, y les enseñaron a cultivar la tierra, a cazar y a cuidar de sí mismos. También les dieron un lugar especial para vivir, en el centro del mundo, llamado Midgard. Ask y Embla aprendieron a caminar, a hablar y a reír. Se maravillaron con el sol que calentaba sus rostros y la luna que brillaba en las noches oscuras. Ellos eran los guardianes de la tierra, y gracias a ellos, el mundo se llenó de vida y movimiento. Pero la historia no termina ahí. Ask y Embla tuvieron hijos, y sus hijos hijos. Así comenzó la gran familia humana, que se extendió por todo Midgard. De sus raíces en los árboles y en la tierra, crecieron pueblos, ciudades, y culturas. Y aunque la vida a veces fue difícil, siempre recordaron el regalo divino que los dioses les habían dado: la vida, la mente y el espíritu. Los dioses observaron con orgullo cómo la humanidad crecía, aprendía y amaba el mundo que les habían regalado. Y aunque Ask y Embla no eran perfectos, tenían algo muy especial: la capacidad de pensar, sentir y crear. Algo que los dioses valoraban por encima de todo. Este mito nos recuerda que cada persona lleva dentro un pedazo de ese espíritu divino y una conexión profunda con la naturaleza, porque, en cierto modo, venimos de un árbol, del bosque y del misterio de la vida misma. Preguntas de comprensión lectora
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