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Categoría: Poemas Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, conocido mundialmente como Pablo Neruda (1904–1973), fue un poeta chileno cuya obra abarca desde el amor y la naturaleza hasta el compromiso social y la política. Publicó su primer libro siendo adolescente y alcanzó fama internacional con Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924), por su emotiva expresividad y estilo accesible. A lo largo de su vida Neruda incursionó en formas vanguardistas, épicas y comprometidas políticamente, logrando una voz poética auténtica y diversa. Ganó el Nobel de Literatura en 1971 por su compromiso y creatividad . Poema 20 Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo: “La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.” El viento de la noche gira en el cielo y canta. Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Yo la quise, y a veces ella también me quiso. En las noches como ésta la tuve entre mis brazos. La besé tantas veces bajo el cielo infinito. Ella me quiso, a veces yo también la quería. Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos. Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella. Y el verso cae al alma como al pasto el rocío. Qué importa que mi amor no pudiera guardarla. La noche está estrellada y ella no está conmigo. Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. Mi alma no se contenta con haberla perdido. Como para acercarla mi mirada la busca. Mi corazón la busca, y ella no está conmigo. La misma noche que hace blanquear los mismos árboles. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise. Mi voz buscaba el viento para tocar su oído. De otro. Será de otro. Como antes de mis besos. Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos. Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos, mi alma no se contenta con haberla perdido. Aunque éste sea el último dolor que ella me causa, y estos sean los últimos versos que yo le escribo. Análisis:
Si tú me olvidas (De Los versos del capitán, 1952) Quiero que sepas una cosa. Tú sabes cómo es esto: si miro la luna de cristal, la rama roja del lento otoño en mi ventana, si toco junto al fuego la impalpable ceniza o el arrugado cuerpo de la leña, todo me lleva a ti, como si todo lo que existe, aromas, luz, metales, fueran pequeños barcos que navegan hacia las islas tuyas que me aguardan. Ahora bien, si poco a poco dejas de quererme dejaré de quererte poco a poco. Si de pronto me olvidas no me busques, que ya te habré olvidado. Si consideras largo y loco el viento de banderas que pasa por mi vida y te decides a dejarme a la orilla del corazón en que tengo raíces, piensa que en ese día, a esa hora, levantaré los brazos y saldrán mis raíces a buscar otra tierra. Pero si cada día, cada hora sientes que a mí estás destinada con dulzura implacable, si cada día sube una flor a tus labios a buscarme, ¡ay amor mío, ay mía!, en mí todo ese fuego se repite, en mí nada se apaga ni se olvida, mi amor se nutre de tu amor, amada, y mientras vivas estará en tus brazos sin salir de los míos. Análisis:
Amor Mujer, yo hubiera sido tu hijo, por beberte la leche de los senos como de un manantial, por mirarte y sentirte a mi lado y tenerte en la risa de oro y la voz de cristal. Por sentirte en mis venas como Dios en los ríos y adorarte en los tristes huesos de polvo y cal, porque tu ser pasara sin pena al lado mío y saliera en la estrofa —limpio de todo mal—. ¿Cómo sabría amarte, mujer, cómo sabría amarte, amarte como nadie supo jamás? Morir y todavía amarte más. Y todavía amarte más y más. Análisis:
Océano Cuerpo más puro que una ola, sal que lava la línea, y el ave lúcida volando sin raíces. El mar fue uno de los grandes motivos en la poética de Neruda. Era un lugar que le intrigaba no sólo por su belleza, sino por los secretos que escondía. Análisis:
América, no invoco tu nombre en vano (Fragmento inicial del extenso poema incluido en Canto General, 1950) América, no invoco tu nombre en vano. Cuando sujeto al corazón la espada, cuando aguanto en el alma la gotera, cuando por las ventanas un nuevo día tuyo me penetra, soy y estoy en la luz que me produce, vivo en la sombra que me determina, duermo y despierto en tu esencial aurora: dulce como las uvas, y terrible, conductor del azúcar y el castigo, empapado en esperma de tu especie, amamantado en sangre de tu herencia. Análisis:
Conclusión Pablo Neruda logró lo que pocos poetas han alcanzado: tocar lo profundo del alma humana con palabras sencillas, imágenes potentes y emociones universales. Sus poemas cortos, como los que exploramos aquí, demuestran que no se necesita una gran extensión para transmitir amor, pérdida, pasión o compromiso social. Ya sea con el dolor de un amor que se va, la advertencia de un olvido, la contemplación del mar o la invocación épica de América, cada uno de estos textos nos recuerda por qué Neruda sigue siendo una de las voces más leídas, sentidas y recordadas de la poesía en español. Leerlo es, en sí mismo, un acto de sensibilidad y conexión con lo humano. Glosario
Pablo Neruda
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